La naturaleza y el paisaje rural han supuesto una larga tradición en la lírica de Occidente, como escenario, más o menos idealizado, como ambiente o como sustitución del yo lírico en la poesía simbolista. La ciudad solía presentarse de un modo peyorativo -el tópico de menosprecio de corte y alabanza de aldea-. Los movimientos de vanguardia habían roto con esta tradición, incorporando la ciudad contemporánea, sus edificios, sus modos de vida, los elementos de mobiliario urbano al poema, con frecuencia como protagonistas. Así proceden los autores del 27 en la muestra de textos que presentamos. Ciertamente habría que advertir que el optimismo inicial se irá perdiendo, que la ciudad aparecerá más tarde como factor de alienación y destrucción.